sábado, 8 de junio de 2013

SABER CONTRA HEGEMONÍA, LEGADO DE CHAVEZ.

Notas para su discusión ante los desafíos de la Revolución Bolivariana

Saberes contra-hegemónicos y legado de Chávez









1.- INTRODUCCIÓN:
Generalmente se supone que un proceso revolucionario se acompaña de la generación de una nueva concepción del mundo, de un pensamiento crítico revolucionario construido a partir de informaciones, conocimientos, saberes, ciencias, nuevos valores y normas de conducta, formas de sensibilidad, afectividad y también conceptos que se enfrentan al sistema hegemónico mediante la articulación de sentidos y significaciones de un proyecto alternativo frente al Capital.  
De allí la importancia de la teoría crítica y revolucionaria. No basta que una teoría crítica se postule como crítica teórica de la realidad dominante, pues debe fecundar una praxis revolucionaria; es decir, responderse a la interrogante: ¿Cómo contribuye esta interpretación crítica a la transformación de la realidad social?
Y en contraste con las experiencias históricas de construcción del socialismo, sabemos que un aparato político burocrático puede degradar la teoría revolucionaria hasta hacerla irreconocible, decapitando y excluyendo de su seno lo que la hace diferente sustantivamente de las teorías funcionales del poder-dominación: su carácter radicalmente crítico, su irrevocable vocación de insumisión en el terreno del pensamiento y de la acción. Sin embargo, aunque esto es teóricamente es correcto, no basta
2.- RENOVAR LOS CÓDIGOS DEL PENSAMIENTO CRÍTICO SOCIALISTA:
Como ha planteado el pensador crítico portugués Boaventura de Sousa Santos las formulaciones convencionales de la teoría crítica moderna (desde el marxismo, en todas sus variantes, a la teoría crítica de la escuela de Frankfurt) persisten en su empeño de desarrollar las posibilidades emancipadoras dentro del paradigma dominante de la Modernidad occidental, transformándose en estrategias reguladoras dictadas por el propio sistema histórico y, en definitiva, al servicio del paradigma  de ciencia dominante.
De allí, cabe afirmar que con la consolidación de la convergencia entre el paradigma de la modernidad y el capitalismo, a partir de la mitad del siglo XIX, se entra en un proceso de degradación producido por la transformación de las energías emancipadoras en energías reguladoras. De Sousa santos analiza el mundo de las cinco mono-culturas hegemónicas:
a) mono-cultura del saber, que cree que el único saber es el saber riguroso calcado de la tecno-ciencia y de los paradigmas empírico-analíticos (epistemicidio);
b) mono-cultura del progreso, del tiempo lineal, que entiende la historia como un camino de dirección única de desarrollo;
c) mono-cultura de la naturalización de las jerarquías, que considera un fenómeno inscrito en la naturaleza, y por tanto, cree inmodificable las jerarquías por razones de raza, etnia, clase, género;
d) mono-cultura de lo universal como único criterio válido, al margen del contexto; lo opuesto a lo universal es vernáculo, carece de validez; lo global toma preeminencia sobre lo local;
e) mono-cultura de la productivismo, que define la realidad humana por el criterio del crecimiento económico como objetivo racional incuestionable; criterio que se aplica al trabajo humano, pero también a la naturaleza, convertida en objeto de explotación y depredación.
Una lectura atenta de estos criterios críticos lleva necesariamente a transformar el paradigma de la transición socialista en una dirección imprevista para sus fundadores:
a) Cuestionar el llamado socialismo científico en la medida en que su fundamentación epistémica refiera a la ciencia burocrático-instrumental y al positivismo,
b) Cuestionar la asunción desde la izquierda de la idea de progreso propia de la modernidad occidental,
c) Cuestionar la separación entre explotados y explotados, junto a la separación entre gobernantes y gobernados, incluyendo una superación del reduccionismo de clase, lo cual implica tomar en cuenta la lucha contra todas las desigualdades, dominaciones y exclusiones;
d) Cuestionar los modelos mono-culturales de socialismo, en tanto reconocimiento inevitable de los contextos culturales específicos y particulares;
e) Romper decididamente con la idea del socialismo basado en el desarrollo necesario e inevitable de las fuerzas productivas, sin tomar en cuenta simultáneamente que el Capital promueve fuerzas destructivas sobre la condición humana y sobre los sistemas ambientales, derrumbando el mito del productivismo socialista.
De esta manera, lo que convencionalmente la teoría revolucionaria denominó transición socialista, hoy puede ser transformada por un llamado simultáneo a una revolución socialista, democrática, ecológica y descolonizadora.
Una revolución socialista a secas es completamente insuficiente. De allí la importancia de los saberes contra-hegemónicos: saberes contra las hegemonías establecidas en diversos espacios de poder, contra las clasificaciones jerárquicas y excluyentes establecidas en función de un proceso abierto de revolución democrática permanente.
3.- LA IMPORTANCIA DE LA DEMOCRACIA RADICAL:
Como conclusión tenemos que aquellas formas de socialismo  que no se fundan en formas de democracia radical, conducen a las conocidas formas de estatismo autoritario o colectivismo burocrático. De allí la centralidad de la democracia radical, participativa, deliberativa y protagónica distinta las formas de elitismo político revolucionario (leninismo dixit) y burocratismo socialista (estalinismo dixit).
No es posible seguir manteniendo hoy desde el campo de las izquierdas el desprecio a la democracia participativa y protagónica de formas de socialismo contra-hegemónico, como los consejos democráticos del poder popular, como  formas de liberalismo o de anarquismo. Lo que está en juego en estas formas de desprecio de la democracia radical es la conversión de energías emancipadoras en energías reguladoras.
O para decirlo en palabras de Marx: la veneración supersticiosa del Estado y de su razón instrumental de mantenimiento del poder por el poder mismo se devora la construcción del Poder Popular y Comunal. De allí que muchos compañeros y compañeras revolucionarias son bautizados con fuego por la razón de estado como encarnaciones de roles de  burócratas-funcionarios apenas son tomados de la mano para cumplir y exigir obediencia a la razón burocrático-instrumental: el pragmatismo del poder. De esta manera se enfrentan al dilema existencial entre el rol de conservar el poder (con todo el espacio de racionalidad, cálculo y control que esta exigencia comporta) y promover la revolución (con todas las limitaciones de las revoluciones realizadas desde la caja de herramientas de una burocracia).
El proyecto de democracia socialista y participativa recupera otras procedencias silenciadas u olvidadas  en el seno de la propia tradición derivada de Marx: la crítica de Rosa Luxemburgo a los errores de la revolución Rusa, la autocrítica de Trotsky en la revolución traicionada, la crítica de Gramsci a las formas de concebir la formación de la conciencia y la ideología revolucionaria (conciencia bancaria), la crítica del austro-marxismo frente al silenciamiento de la cuestión nacional y los contextos culturales específicos, la crítica del consejismo a la desconfianza de las formas organizativas autónomas de las clases explotadas sin la mediatización del partido-aparato que los concibe solo como correas de maniobra y control desde arriba.
4.- CONTRA LA REPRODUCCIÓN DE LA DOMINACIÓN DESDE LA REVOLUCIÓN:
Para combatir los registros simbólicos e imaginarios de la dominación, de la coerción política, de la hegemonía ideológica, de la explotación económica, de la injusticia y exclusión social, de la negación-discriminación cultural, de la destructividad ambiental, es preciso contar no sólo con herramientas teóricas, con pensamientos críticos, con teorías, con lo que algunos marxistas críticos y heterodoxos llamaron ciencia revolucionaria (pensamiento insumiso o insurgente), sino que además es preciso contar con lo que Gramsci llamó núcleos de buen sentido, con lo que Castoriadis llamo Imaginarios críticos radicales. Plantea Gramsci sobre las relaciones entre sentido común y buen sentido:
Cada estrato social tiene su sentido común que, es en el fondo, la concepción mas difundida de la vida y de la moral concepción que es absorbida acríticamente por los diversos ambientes sociales y culturales en que se desarrolla la individualidad moral del hombre medio.
La dislocación del sentido común hegemónico o la individualidad moral e intelectual del hombre-medio, es justamente una tarea práctica de superación de las concepciones y hábitos de pensamiento acriticamente asimilados, a partir del ejercicio de formas de reflexión profundamente críticas, que no son espontáneas sino actitudes vitales y conscientemente guiadas para el desprendimiento de las visiones reproductoras desde los propios sectores dominados y subalternos, distintas además de una visión de la conciencia revolucionaria que es depositada desde afuera por intelectuales revolucionarios provenientes de otras clases o estratos (Kaustky y Lenin dixit).
Ni espontaneidad de la conciencia revolucionaria ni concepción bancaria que desde afuera rellena al pueblo alienado de la verdadera conciencia para transformar la realidad hegemónica.
Para Gramsci, en cambio (como para Luxemburgo, Korsch, Pannekoek y una estela de pensadores críticos, como Castoriadis) la transformación del orden establecido, es impensable sin el involucramiento directo del propio pueblo; y aunque sin desestimar el rol orgánico de los estratos intelectuales, adviertiendo lo infecundo de una separación respecto a las masas trabajadoras, respecto al bloque social de los oprimidos y explotados.
Las clases subalternas no son sólo clientes o las beneficiarias directas del cambio social, sino que son sus propios protagonistas y participantes en un marco de autonomía moral, intelectual, política y organizativa. Esto tendra consecuencias fundamentales sobre la concepción de las organizaciones de lucha social y política.
Para lograr esto, es preciso hacer la crítica de las concepciones encubiertas de las clases dominantes presentes en las clases subalternas, superarlas para construir una concepción nueva, en la que se establezca la unidad entre la teoría y la práctica, entre la política y la filosofía. Unidad, aunque sea relativa, entre teoría y práctica, existe en la clase dominante. Pero las clases subalternas y populares aparecen fracturadas y dislocadas en su capacidad de expansión de su espacio hegemónico. El control ideológico sigue estando en la estructura de mando y explotación del Capital, producto de la eficacia de sus dispositivos hegemónicos pero también de los graves errorees de dirección de quienes son portavoces de tareas de conducción revolucionaria.
Se trata, por cierto, de ver si esta unidad en la burguesía, no es ella misma contradictoria, pero ademas la unidad que caracteriza a las clases subalternas no puede ser funcional a la dominación de los sectores dominantes. La unidad entre acción y teoría de los sectores populares y subalternos es para derrumbar un sistema hegemónico, no para reproducirlo y ser vagon de cola de esta estructura de mando y explotación. Tales clases populares permanecerán siendo subordinadas hasta que haya avanzado el proceso de unificación entre acción y teoría, entre política y filosofía revolucionaria de la liberación.
Se trata, pues de elaborar una concepción nueva, que parta del sentido común, no para quedar estancada en el sentido común, sino para criticarlo, depurarlo, unificarlo y elevarlo a lo que Gramsci llama buen sentido, que es para él la visión crítica del mundo. Este proceso queda claramente establecido en el siguiente pasaje:
"La posición de la filosofía de la praxis es antitética a la católica: la filosofía de la praxis no tiende a mantener a los simples en su filosofía primitiva del sentido común, sino, al contrario, a conducirlos hacia una concepción superior de la vida. Se afirma la exigencia del contacto entre intelectuales y simples, no para limitar la actividad científica y mantener la unidad al bajo nivel de las masas, sino para construir un bloque intelectual-moral que haga posible un progreso intelectual de masas y no sólo para pocos grupos intelectuales".
En Gramsci, entoces no podemos encontrar ni una concepción bancaria (Freire dixit) de la pedagógía y la política revolucionaria, ni una concepción populista en la cual se suponga que los saberes populares, por si mismos, puedan superar las influencias e intrusiones de los procesos de hegemonía de las clases dominantes. La formación de un bloque intelectual moral, de un intelectual colectivo supone superar la visión individualista-capitalista de la función de los intelectuales. De manera tal que la hegemonía no es sólo política, sino que es además un hecho cultural, moral, de formación y depliegue de una nueva concepción crítica y revolucionaria del mundo.
5.- CONTRA EL REFORMISMO ADECO EN LA REVOLUCIÓN:
Hay quienes suponen, en nuestro contexto sociopolítico, que basta confiar en el sentido común de las clases populares y subalternas para que la revolución bolivariana vaya en el camino correcto. Grave error de una concepción populista y reformista que no se plantea las tareas de una filosofía de la praxis como critica revolucionaria.
Para Gramsci, la hegemonía que ejerce el bloque social dominante no sólo se hace través de la coerción, sino además, a través de la diseminación del consenso desde una sedimentación histórica de sentido comun, logrando convencer de su visión del mundo, costumbres, sentido hegemónico que favorecen el reconocimiento de su dominación por las clases dominadas y subalternas. Debemos retener esto, costumbre, hábito y supuestos que permiten la reproducción de las separaciones naturales entre gonernantes y gobernados, entre dominadores y dominados, entre explotadores y explotados, entre intelectuales y masa.
Recordando siempre que para Gramsci, una cosa es posser las facultades de construcción intelectual (que es de todos y todas), y otra cumplir la función social de los intelectuales. De manera que el sentido comun hegemónico actúa como precipitado histórico, como sedimentación el discurso hegemónico constituyendo la visión que los sujetos hacen suya como reconocimiento de su propia concepción del mundo, a partir de dispositivos de saturación de sentidos y significados, que sustentan o incrementan reiteradamente el poder ideológico de las clases dominantes. Interesante en este punto, es observar como la propia clase política dirigente de la revolución se impregna de la ideología dominante, reproduciéndola y marcando los límites de lo posible en concordancia con sus nuevas condiciones de existencia material; es decir, como controladores inmediatos de recursos económicos, cargos y funciones de dirección política.
A su vez, al producirse la precipitación, sedimentación y ésta "saturación" del poder hegemónico, se va generando en medio de un clima de tensiones, resistencias y ahogo de impugnaciones, las formas de consenso en las clases subalternas, indispensable también par el mantenimiento y reproducción del sistema.  El colmo del asunto es que las llamadas vanguardias revolucionarias son inhibidoras de la activación de la conciencia revolucionaria: el partido revolucionario se vuelve partido del orden y el gobierno revolucionario se vuelve gobierno de reformas.
Actúan entonces como sensatos bomberos para promover la estabilización relativa, contribuyendo a fijar como camino correcto, o incluso configurando conductas de pacto y conciliación con las elites de poder económico, mediático, militar o eclesiástico en nombre de los principios tácticos de la maniobra y la flexibilidad, para ganar tiempo y otros pretextos ya conocidos. Detrás de los llamados promotores del dialogo y la concertación social con los sectores dominantes no estamos sino frente a portavoces de las revoluciones interrumpidas (Florestan Fernández dixit).
De manera que una clase política dirigente que no este comprometida con la formación de núcleos de buen sentido, que no estimule la conciencia crítica en contra de la hegemonía del bloque social dominante, que no favorezca la impugnación y desarrollo del pensamiento crítico y revolucionario, junto con luchas que afecten las relaciones de dominación establecidas, sino que más bien contribuya a reforzar el sentido común hegemónico trabajando a favor del pacto con los sectores dominantes para un proceso de estabilización de la hegemonia capitalista no puede considerarse una concepción afín a una revolución socialista.
Allí reside el engaño del populismo y del reformismo de izquierdas. ¿Dijo usted socialdemocratización? Mejor digamos comportamiento ADECO. Aquí son recomendables algunas palabras dichas por Luis Beltran Pietro Figueroa, por provenir de alguien que conoció muy desde dentro este comportamiento ADECO:
La visión que tiene la gente del adeco es la de un hombre sin convicciones. Alguien que usa el poder para su propio beneficio. Es una persona que se cree autorizada a no tener ninguna doctrina o abandonarla cuando le conviene. (Entrevista en VENEDEMOCRACIA de Alicia Freilich de Segal).
Para Prieto, flexibilizar una ideología política en nombre del pragmatismo de las situaciones era algo muy distinto a capitular en cuestiones de concepción del mundo por las presiones de las circunstancias y conveniencias del momento. Por ejemplo, el llamado golpe de timón y el Proyecto Independencia y Patria Socialista pueden ser completamente desmontados, bajo la conveniencia del pragmatismo del Poder. Todo en nombre de no perder la Revolución.
6.- SE PUEDE PERDER LA BATALLA DE IMAGINARIOS:
Por otra parte, a la batalla de ideas le acompaña la batalla de imaginarios, de representaciones, sean estéticas, éticas, de todo el material semiótico disponible para afectar la trama de relaciones sociales dominantes: imágenes, sonidos, sabores, corporalidades, afectividades e intensidades.
Toda la trama sociocultural en las sociedades de dominación y desigualdad está teñidas de la violencia de los símbolos sociales (Harry Pross dixit): clasificaciones jerárquicas, mandatos, órdenes, prescripciones, interdicciones, dominaciones naturales, meritocracias justas, jerarquización de categorias sociales, capitales simbólicos diferenciados (Boudieu dixit).
Suponer que la llamada lucha ideológica trata de una batalla de doctrinas político-filosóficas es un reduccionismo por partida doble, es una escena donde compiten sacerdotes e intelectuales con diferentes dogmas y capitales sistematizados. Eso puede ser util, pero no suficiente. La lucha entre intelectuales tradicionales no es una lucha que compromete protagónicamente al pueblo trabajador. De manera que, existe una concepción tradicional de los inteletuales domesticados, que hacen apologias o silencios cómplices a determinada situación estratégica de conjunto de las relaciones de poder.
En los procesos revolucionarios confiscados e interrumpidos (por ejemplo, la Revolución Mexicana o la Revolución Soviética) los llamados intelectuales críticos pasaron a ser unos intelectuales palaciegos, es decir, lo que el lenguaje llano denomina unos huele-peos de la burocracia política que controlaba la escena de la legitimación de un nuevo sistema hegemónico de poder. Pero no se trata sólo de pensamiento crítico, sino de un imaginario crítico radical (Castoriadis dixit) consistente con una praxis transformadora. Allí se desenmarscaran todas las impusturas prácticas disfrazadas de vociferaciones revolucionarias:
Totalmente al contrario de lo que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra, aquí se asciende de la tierra al cielo. Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida. (Marx-Engels: La ideología Alemana).
Lo interpretaremos con lenguaje prestado y trataremos de traducirlo. No se trata sólo de sistemas de ideas, de concepciones o visiones con un fuerte componente de refinamiento o elaboración intelectual, sino además de flujos sémicos que operan en las pre-concepciones, en los prejuicios, en las actitudes, en las posturas, hábitos, estereotipos,  perceptos, rumores, consignas, dichos, representaciones, esquemas operantes, e incluso la afectividad y sensorialidad de los pobladores y pobladoras. Allí dicen más las posturas corporales, los gestos significativos que los conceptos manejados.  Einstein decía con acierto que era más facil desintegrar un átomo que un prejuicio. Sabía que un prejuicio se cristalizaba, se cosificaba, se volvía fetiche.
7.- LA REVOLUCIÓN SE INTERUMPE CUANDO SE VUELVE REVOLUCIÓN ADMINISTRADA:
Por eso hay que tener cuidado con los fetiches, incluso con los fetiches revolucionarios, que como hemos señalado reaparecen en todas las experiencias de las revoluciones confiscadas o interrumpidas. Por ejemplo, sabemos que una conceptualización marxista puede estar encriptada y vociferada en una corporalidad academicista, con una actitud teorizante, buscando la lucha por el reconocimiento en el espacio universitario, para reclamar un rango e una jerarquía de intelectuales domesticados. Esta corporalidad del mandarín intelectual contribuye poco al derrumbre del sistema de dominación, explotación y desigualdad. Eso no significa que todos los intelectuales marxistas son mandarines y burócratas de la teoría revolucionaria, pero hay vociferantes marxistas cuya actitud es la de intelectuales tradicionales (A. Gramsci dixit), es decir, no son intelectuales orgánicos a la construcción de un nuevo bloque histórico.
También una conceptualización marxista puede estar encriptada o vociferada en un funcionario medio o alto de una burocracia sindical, partidista o estatal, buscando la lucha por las prebendas o privilegios del cargo y la función, intentando desde ese lugar controlar el orden y el progreso de la revolución siempre en los rieles de la correcta revolución administrada.  
De alli que aprender a hablar marxismo se puso de moda cuando hablar marxismo era estar en un  regimen de verdad y de poder. Eso ocurrió en la URSS con toda la estratocracia que contribuyó a liquidar, por ejemplo, a los miembros insurgentes de la vieja guardia bolchevique en nombre de un nuevo sistema hegemónico que instauró Stalin. Fueron calificados de traidores, de espías y de otras etiquetas de acuerdo a los humores de los fiscales del caso; es decir y para entendedores, descalificados como salta-talanqueras.
¿Quiénes traicionaron el legado revolucionario de Lenin? El asunto no reside sólo en aprender a tararear marxismo o una teoría revolucionaria disponible: llámese leninismo, trotskismo, fidelismo, guevarismo, maoismo o luxemburguismo. No, el asunto es existencial: se está o no se está con un régimen social y político que produce y reproduce dominación, opresión, explotación, negación y destructividad. He allí la cuestión.
¿Cómo combatir y superar un régimen social y político de dominación controlado de cabo a rabo por el metabolismo social del Capital? La herramienta teórica, obviamente, no puede ser inutil para el fín propuesto. La teoría tiene que ser irreverente con la dominación social y política. Pero sobretodo no podemos dejar de analizar la dirección, contenido y alcance de una praxis política, sus preconcepciones, sus criterios de decisión, sus líneas de acción en la coyuntura.
8.- LOS RETOS DEL IMAGINARIO DE LA REVOLUCIÓN EN VENEZUELA:
Desde este marco y para Venezuela, los obstáculos son dos: ante la partida física de Chávez, algunas voces se han refugiado en la compensación radical, se han tornado más radicales que Chávez reclamando ser portadores exclusivos del legado revolucionario de Chávez. Obviamente construyen un Chávez a la medida de su radicalismo.
Otros, en cambio, pretenden hacer un montaje inverso: pretenden posicionarse desde el legado de Chávez gobernante, destruyendo en los hechos su mensaje y accion revolucionaria. Se trata de los Socialistas de fachada que han preparado las condiciones para una capitulación de la praxis revolucionaria en nombre del pragmatismo del poder. ¿Socialdemócratas? ¿Reformistas? ¿Salto atrás?
Yo prefiero llamarlos ADECOS extraviados de las filas de su espacio organizativo correspondiente a sus actitudes y prácticas. Frente a los extravíos ADECOS en la revolución bolivariana, hay que reconsiderar la importancia de los saberes contra-hegemónicos. Es en la actitud insumisa que produce saberes contrahegemonicos, donde está el manantial, los cimientos, las semillas, el núcleo de buen sentido de una praxis de emancipación radical.
El asunto es que por cada acto de insumisión, en medio de las contradicciones sociales, encarnando miles de papeles y actos de reproducción de la estructura de mando y explotación. ¿Quién le pone la cascabel al gato entonces? El asunto es que puede ocurrir, como ocurrio en la URSS desde 1924, que el teatro social y político preescribe un guión para que la revolución sea simulacro, espectaculo o simulación y no acontecimiento para quebrar hegemonias y dominaciones.
Nuestro amigo Rigoberto Lanz, transmitió unas enseñanzas que algunos asimilaron y otros no. Unos disfrutaran del significante RL para una trayectoria de reconocimiento en el campo del Homo Academicus o en el campo intelectual (Bourdieu dixit). Pero comentando este posible devenir, el amigo Juan Barreto decía algo aparentemente complicado, pero que es en verdad muy comprensible: RL nos enseño a descifrar, en su crítica de la modernidad y de la metáfisica occidental, una metafísica de la dominación.
Si no se lucha en el plano intelectual y político contra la lógica de la dominación no habrá revolución alguna. Los ADECOS fueron expertos en liquidar su historia de contribuciones a la revolución nacional, democratica e incluso socialista al capitular sobre sus orígenes históricos: repudio del socialismo, pacto con el capital nacional e internacional. Olvido de ORVE, olvido del PDN, pragmatismo del poder.
De los inflados discursos antiimperialistas y socialistas de los años 30 pasamos a los discursos del pacto y la conciliación desde los años 40. De manera que no se trata de reformismo y socialdemocratización, sino de evitar la posible adequización de la revolución bolivariana. Olvido del legado revolucionario de Chávez, o camino en reversa: del PSUV al MVR-miquelena, del anticapitalismo al desarrollo capitalista nacional, del antimperialismo a la conciliación con el capital transnacional internacional y subregional. Lastimoso destino del legado de Chávez  si en manos de sucesores el camino es dos pasos para atrás y ninguno para adelante.
En palabras más sencillas, cuando en alguna oportunidad le planteaba a RL que el socialismo desde abajo podría enfrentarse a la burocratización de la revolución o su adequización, me decía: ¡Cuidado camarada, que abajo también hay ñoña! Abajo no quería decir pureza revolucionaria, pués también es un lugar donde hay procesos de reproducción de la ideología de la dominación bajo el formato de la legitimación populista-reformista. El asunto de la dominación desborda oposiciónes simples como arriba y abajo. Los cultores adecos del saber popular sabían lo que ahcian desde una línea de acción populista: desarmar a los sectores populares de criterios revolucionarios.
Detrás de una defensa de los llamados saberes populares, sin desentrañar la mixtura entre sentido comun dominante y sentido de insumisión social, podíamos asumir un gesto populista que no conduce a ninguna revolución, a ninguna impugnación de prácticas de poder, pues detrás de muchas prácticas llamadas tradicionales o saberes populares, se anidan regímenes despóticos o alienaciones de mayor calado.
9.- ¿LUCHAMOS POR UNA NUEVA SERVIDUMBRE O POR LA LIBERTAD?
De manera que el criterio no sólo es el abajo o la subalternidad (Modanesi dixit), sino el sentido contra-hegemónico de una práctica popular, si desafía o no un régimen de verdad, explotación y dominación. ¿Evaluada por quienes? Bueno, allí vienen interesantes cuestiones. ¿Por una vanguardia? ¿Por los mismos actores locales o subalternos? ¿Por unos intelectuales iluminados por el don de la liberación espiritual? La tan citada cita del filósofo Spinoza vuelve a cobrar actualidad:¿Por qué los hombres luchan por su esclavitud como si se tratase de su libertad?.
El problema de lo que convencionalemnte se ha denominado desalienación es un asunto que compromete de fondo la impugnación de la separación entre explotados y explotadores, entre dominados y dominantes, entre gobernados y gobernantes, entre intelectuales y masas, es allí donde se tramita la fontera entre revolución o adequización. Y esto afecta a los imaginarios post-Chávez.
El meollo de los flujos sémicos (actitudes, imaginarios, representaciones y discursos) que dan cuenta de las formaciones ideológicas reside en sus gramáticas, en sus matrices, en sus condiciones de producción y codificación a partir de una actividad práctico-sensible sometida a ciertas condiciones de producción y de división social del trabajo (bajo el modo de producción y reproducción capitalista). Los procesos de transición socialista son tales si comienzan a romper esas condiciones de producción y reproducción de la división capitalista del trabajo articulada ciertos dispositivos de dominación y hegemonía. Detrás de relatos, narrativas, sistemas de signos o guiones ideologicos, operan logiciales, prácticas, reglas de generación de sentidos y significaciones sociales. Estas prácticas son tejidas por determinadas relaciones de poder, dominación, explotación, exclusión, negación, etc. 
Lo que ocurre con las revoluciones y con los revolucionarios administrados es que sus sistemas de representaciones ideológicas reproducen las lógicas de significación y sentido que pretenden derrumbar. Hay adequización en la medida en que predomina el discurso y la practica del pacto, de la gobernabilidad, el cuanto hay pa eso, la defensa del cargo, la prebenda y el privilegio, una acción política sin convicciones. De allí el socialismo de fachada.
Más allá de las fraseologías, más allá de las vociferaciones, más allá de verbos exaltados; los revolucionarios y revolucionarias que creen que la teoría revolucionaría ya ha sido elaborada ex ante para ser símple y mecánicamente aplicada, son los primeros en reconstruir de cabo a rabo un régimen social y político de mando y explotación. Allí el opuesto al anterior: la compensación radical: una suerte de chavismo radical encallejonado en sus frases fosilizadas.
El consejo de Rigoberto Lanz fue sencillo: ¡Sospéchese de los sacerdotes de la revolución! Luego de 14 años de revolución bolivariana, hay razones para sospechar tanto del socialismo de fachada como de la compensación radical Luego de la partida física de Chávez, hay un verdadero campo desolado de voces socialistas revolucionarias con suficente habilidad para comprender la coyuntura crítica en el campo de la gobernabilidad bolivariana.
10.- ¿MANOSEAR EL LEGADO DE CHÁVEZ  COMO IMPUSTURA?:
El legado de Chávez no es completamente positivo si valoramos la ausencia sintómática de la formación ideológica y política de cuadros revolucionarios anticapitalistas en la alta dirección política del proceso.
Podríamos listar las acciones (nos las verborreas exaltadas), las prácticas, las intenciones y sus impactos reales para comprender si la direccionalidad del proceso apunta a una revolución anticapitalista.
De manera que sin una comprensión cabal de las experiencias de revoluciones interrumpidas (ver: Florestan Fernández: http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/secret/cuadernos/flores/florestan.pdf) no podremos desentarñar la siguiente cuestión:
() las  alternancias de conciliación y reforma traducen el conflicto crónico tanto del capitalismo neocolonial como del  capitalismo dependiente. Para destruir ese conflicto es necesario acabar con la conciliación y con la reforma como algo  que viene impuesto desde arriba y sólo permanece arriba.
Y lo más importante:
Porque es preciso combatir una tradición  revolucionaria mecanicista que se ha vuelto verdaderamente letal en los países industrializados de América Latina, y  que consiste en dejar que las contradicciones se acumulen y maduren. ¡Como si de allí pudiese resultar algo útil para  el movimiento sindical y obrero! Si éstos se mantienen indiferentes al uso que las clases burguesas hacen de las  contradicciones, lo que se acumula y madura no es el desarrollo independiente ni la capacidad de lucha política de los  proletarios como clase, sino su condición servil dentro de la sociedad capitalista subdesarrollada. Una relación  puramente defensiva (no simplemente adaptativa o pasiva) ya sería suficiente para que, bajo el capitalismo neocolonial y  el capitalismo dependiente, los proletarios nunca tuvieran voz ni voto. Ello obliga a una toma de posición firme e  inflexible. Las contradicciones que no son aprovechadas activamente por el movimiento sindical y obrero son canalizadas  por el sistema capitalista de poder y convertidas en apatía de las masas, es decir, en sumisión dirigida.
Y por si fuera poco el efecto negativo de una relación púramente defensiva, genera la siguiente situación que Florestan Fernández señaló:
() un largo período de hegemonía casi total de una burguesía neocolonial o dependiente provocó que el vagón  de cola social y político de las clases dominantes reflejase más la ideología de la burguesía hegemónica de los países  capitalistas centrales que su propia situación de intereses de clase como proletarios. El socialismo reformista y las  tácticas de apoyo a la burguesía nacional de ciertas corrientes del socialismo revolucionario reforzaron esa tendencia. El  riesgo dramático que enfrentamos consiste en un nuevo sumergimiento. La incorporación al espacio económico, social y  político de las sociedades capitalistas centrales renueva el horizonte cultural de las clases burguesas. Bajo el capitalismo  monopolista dependiente podrá ocurrir el fenómeno que se dio bajo el capitalismo competitivo dependiente. Tanto  internamente como desde afuera, el escenario está preparado para compatibilizar el crecimiento morfológico de los  proletarios como clase en sí con una conciencia de clase esterilizada y con dinamismos de lucha de clases  desposeídos de cualquier elemento político y de un eje verdaderamente revolucionario.
Y por si fuese poco, la gran preocupación no sólo va en la dirección del comportamiento del Movimiento obrero, sino del bloque social de los oprimidos y explotados en su conjunto frente al dilema del radicalismo compensatorio o los Socialismos de Fachada:
El conocimiento preciso de las contradicciones y su  aprovechamiento inteligente, organizado y despiadado es vital, pues, para el movimiento obrero. O bien permanece  como vagón de cola del movimiento burgués, como su otro invertido, o si no, avanza por el terreno espinoso de lanzar  las contradicciones contra el orden existente, para mejorarlo o para destruirlo. Esto significa salir de sí mismo, realizar las  funciones negadoras intrínsecas al movimiento obrero, hacer que la sociedad capitalista salte de una revolución que  abortó a otra revolución que comenzará llevando a todas las contradicciones existentes a su disolución completa y final.
El asunto no está en el pacto con la burguesía monopólica (porque no se trata nisiquiera de las PYMES) o en la vociferación radical, sino en la construcción de un vasto frente amplio revolucionario que pueda abordar las tareas de la unidad en la diversidad, en las ateras del avance revolucionario, sin caer en las trampas de la compensación radical que no lleva a nada, o de un reformismo que sabe muy bién lo que hace: capitular casi imperceptiblemente ante la estructura de mando y explotación del metabolismo social del Capital, en nombre del legado revolucionario de Chávez. ¡Ni desesperación ni cinismo!
Sobre la figura, pensamiento y acción de Chávez se construyen las más paradójicas versiones para fines de legitimación de determinadas posiciones y decisiones políticas del presente.
¿Quiénes podrán ver en el legado de Chávez sus complejidades, tensiones, contradicciones, aciertos, errores, avances, retrocesos, contribuciones, vacíos; en fin, analizarlo no como monolito apologético cargado de superlativos para beneficios de una legitimidad post-Chávez, ya sea de compensaciones radicales o de socialismos de fachada: gigante, eterno, supremo?
¿Por qué no comprenderlo más bien en su dimensión humana, demasiado humana; líder de la revolución, no cabe duda alguna, pero como igual entre iguales, para seguirlo y para mantener la critica que tanto persistió en valorizar, tal como postula una concepción rigurosa de la democracia socialista y participativa?
Como decía Martí pues, ¡Criticar es amar!

¿CONCIENCIA Y RIQUEZA?, CUIDADO.

Un Grano de Maíz

Elevar las fuerzas productivas sin inmolarse

El dilema es propio de todas las revoluciones: ¿Cómo aumentar la producción sin entregarse en las manos de la cultura capitalista? Una errada respuesta es fracaso seguro. La Unión Soviética, ya lo dijo el Che, buscó productividad en las armas melladas del capitalismo y se hundió en el egoísmo que éstas llevan consigo. A China le pasó otro tanto.
Los clásicos detectaron una relación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, y la estudiaron en lo que podríamos llamar las organizaciones sociales del egoísmo, todas las conocidas desde el principio de los días. En ellas el cambio ha sido fundamentalmente en lo económico, pero lo esencial del alma de todos estos sistemas, el egoísmo, ha permanecido, y la división de clases y la fragmentación social siguen intactas. La Revolución burguesa, por ejemplo, no modificó en lo esencial el egoísmo heredado, la cultura de la monarquía. La esclavitud fue abolida en lo económico, pero su esencia cultural todavía campea.
Chávez relataba el pasaje de Los Miserables donde un viejo moribundo le dice al cura que lo conforta que la Revolución Francesa había derribado los molinos, pero el viento que los movía seguía soplando. La conciencia, la cultura no se había modificado, es que la burguesía no tenía necesidad de hacerlo, podía edificar su imperio sobre la misma esencia espiritual.
La Revolución de estos tiempos, el inmenso salto social que el Socialismo supone, precisa, ante todo, un cambio radical en la conciencia. Es imprescindible superar el egoísmo heredado de milenios de sociedades divididas en clases, esto es suficiente para los revolucionarios percatarse del inmenso reto. Pero hay más, las Revoluciones han ocurrido en sociedades de poco desarrollo de las fuerzas productivas, quizá porque es allí donde están poco desarrollados los medios de manipulación de la sociedad, entonces el reto de elevar las fuerzas productivas se hace central para la revolución.
¿Qué hacer? Ya sabemos que usar las armas melladas no es el camino, mucho menos poner esta elevación en manos del capitalismo. Entonces ¿Cuál es la vía? La respuesta está en la Revolución Cubana, en el Che Guevara. Veamos.
La Revolución Cubana resiste un brutal cerco imperial y superó la caída del campo socialista. Resiste hoy con heroísmo las difíciles circunstancias de ser quizá el único faro de Socialismo de toda la humanidad. La Revolución Cubana es un fenómeno que debemos estudiar.
La respuesta está en el pensamiento del Che y de Fidel. Ellos, desde el origen mismo de la Revolución, desde el Moncada, se guiaron por el principio: "lo principal es la conciencia, crear riqueza a partir de la conciencia y no conciencia a partir de la riqueza". Este axioma resume la solución del qué hacer para elevar las fuerzas productivas en la Revolución en los países poco desarrollados. Ellos sabían que había que voltear la concepción dogmática de elevar la productividad en desmedro de la conciencia. Lo correcto es elevar la conciencia, y desde allí la productividad. Y no se equivocaron, han resistido

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Antonio Aponte

domingo, 2 de junio de 2013

RESPUESTA DEL GRANO AL PRESIDENTE MADURO.

Un Grano de Maíz

Respuesta del Grano al presidente Maduro

Presidente Maduro, hemos sido atacados por Ud. y, muy a nuestro pesar, debemos responder. Su ataque tiene un lado bueno: abre la esperanza de una discusión necesaria para la Revolución, para nuestro gobierno. Tiene también un lado malo: sus argumentos ad hominem. Con argumentos dirigidos a nuestra persona, y no a las ideas, nos descalifica para opinar. A esos descréditos no vamos a responder, aunque nos provoca. En aras del beneficio de la Revolución y de su gobierno, que es el nuestro, preferimos centrarnos en lo que interesa a la discusión.
Lo que nosotros decimos, nuestros argumentos, nuestras alertas, hechas en el mejor espíritu de Irreverencia y Lealtad, están dirigidos a favorecer la necesaria y escasa discusión de los problemas de fondo en la Revolución. Un Grano diario significa un esfuerzo que nosotros, el colectivo, asume con el entusiasmo del que colabora con una causa justa, con el que es coherente con sus luchas.
¿Qué hemos dicho? Lo que alertó el Che: "Con las armas melladas del capitalismo no se puede construir el Socialismo". "Al imperio no creerle ni tantico así". Lo que dijo Fidel: "En la Revolución no se puede construir conciencia a partir de la riqueza, sino riqueza a partir de la conciencia", repetir sus consejos a Correa: "Dure lo que dure la azarosa historia de nuestra especie, nadie podrá demostrar nunca que los burdos intereses materiales serán capaces de crear ciudadanos más virtuosos y honestos."  Lo que dijo Marx: "Un sistema de producción que no reproduzca las condiciones de esa producción no durará dos años."
¿Qué hemos dicho? China es un capitalismo bestial, no es ejemplo para la Revolución mundial, ni para la nuestra, al contrario, es su enemiga. Hemos hablado de los acuerdos con Mendoza, afirmamos que él, Santos y Capriles son todos caimanes del mismo capitalismo. Hemos alertado que el camino de la debilidad con el enemigo oligarca es el camino al fascismo.
Como Ud. verá no hay manuales en nuestros argumentos, ni modelos superados,  lo que sí puede haber son sueños, utopías. Creemos que la esperanza en un mundo nuevo no pierde vigencia, creemos con Martí que la Revolución es hacer "Posible lo imposible".  Puede ser que estemos equivocados, decía Lenin "quien nunca hace nada nunca se equivoca" ¡Discutamos! Ataquemos duro a los argumentos.
Si Ud. como Presidente de Venezuela, como líder de la Revolución, como hijo del Comandante Chávez, considera que el Grano de Maíz, sus críticas, no le hacen bien a la Revolución, y que al contrario la dañan, bastará una palabra suya para que nosotros dejemos de escribirlo. Entonces ya no tendría sentido escribir si no hay oídos receptivos a la crítica, dura pero constructiva, si sólo los hay para la lisonja o el halago.
Nos despedimos con la convicción de que nuestra suerte está ligada a la suya: si a Ud. le va bien a nosotros nos irá bien, si a Ud. le va mal a nosotros nos irá peor.

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Antonio Aponte

http://ungranodemaiz.blogspot.com/

jueves, 30 de mayo de 2013

EL DUEÑO DE LA MERCANCÍA, CREA TAMBIÉN EL ORDEN SOCIAL. DE ELLO DEPENDE EL CAPITALISMO Y EL SOCIALISMO.

Un Grano de Maíz

El apropiador de la producción también es propietario del alma

En el paisaje político se muestra una idea que merece ser discutida: que necesitamos producción, así a secas, sin importar más nada. Este concepto autoriza a cualquier alianza, a cualquier medida, y este supuesto aumento de la producción se muestra como un paso hacia el Socialismo. De esta manera se consigue dar la pirueta teórica de mostrar a los capitalistas, a mendoza, a cisneros, como paladines del socialismo. Es importante estudiar este aspecto de la economía, de la construcción del Socialismo. Veamos.
En una sociedad la clase dueña de la producción, la que se apropie del trabajo ajeno, será dueña de la espiritualidad, de la cultura que consagra ese robo. Podríamos decir que los medios de producción en el capitalismo son también medios de explotación, de generación de conciencia capitalista, de robo, de control de la sociedad, están al servicio de la oligarburguesía.
No hay que ir muy lejos, aquí, ahora, los capitalistas dueños de la producción de harina e intermediarios en la importación de bienes, obligaron a la Revolución a  conversar, es decir, usaron sus medios de manipulación, su cultura, el egoísmo sembrado en la sociedad, y así influyeron decisivamente en el rumbo político.
Antes, en situación similar los habíamos enfrentado, de ese combate nació PDVAL y MERCAL. Quizá después no supimos producir, o expropiar lo que se debía, quizá sutilmente nos sabotearon la producción y no supimos explicar a la masa las nuevas condiciones del consumo. Todo eso es posible, pero seguro olvidamos que en la economía entran muchos factores, el principal de ellos es la conciencia, la cultura. Seguro donde estamos fallando es en la creación de conciencia revolucionaria, estamos educando un pueblo malcriado, incapaz de los menores sacrificios, de superar la mínima dificultad.
Un pueblo, y unos dirigentes conscientes de su papel histórico, con razones sagradas por las cuales luchar y vivir, es un pueblo invencible. No pueden venir los oligarcas a manipularlos con esconder la harina o el papel tualé, resuelve como lo hizo en abril y en el sabotaje petrolero. La historia está llena de esta situación, pensemos en la heroica Cuba, ejemplo para el mundo, en la gesta de la Independencia, en el Libertador cruzando Los Andes.
Los dirigentes revolucionarios deben convocar al pueblo de Chávez, de Bolívar. Que retumbe la Diana Carabobo, que se oiga en todos los rincones el himno de Zamora. Explíquese la situación, corrijamos lo que haya que corregir, avancemos. El pueblo debe responder, ese es el reto, hacer que el pueblo responda con el alma, es así, esa es la única manera de hacer Revolución. La otra, considerar sólo lo material, es el camino al fracaso. Pertinente recordar las palabras que el inmenso Fidel le dirige a Correa: Dure lo que dure la azarosa historia de nuestra especie, nadie podrá demostrar nunca que los burdos intereses materiales serán capaces de crear ciudadanos más honestos y virtuosos. Y añadimos nosotros, nadie podrá demostrar que esos intereses serán capaces de hacer Revolución.
¡Irreverencia y Lealtad!

jueves, 23 de mayo de 2013

DEBEMOS ARMAR LA OFENSIVA REVOLUCIONARIA.


¡A luchar! La Revolución Bolivariana ¿superará sus errores y debilidades?

1.- INTRODUCCIÓN:
La respuesta es sencilla. Sólo con claridad ideológica y lucha atinada podrán superarse los errores y debilidades de la revolución bolivariana. No hay que ofrecer, entonces, rendija alguna de posibilidad a las operaciones de confusión, manipulación, división y desmoralización que ha activado, sin lugar a dudas y con mayor intensidad, los factores de derecha contra la revolución bolivariana, luego de los resultados electorales del 14 de abril de 2013 (¿Crisis electoral en la revolución bolivariana?).
Múltiples eventos y situaciones concatenadas así lo vienen confirmando desde el discurso de Chávez el día 8 de diciembre de 2012. Por tanto, es momento de galvanizar y acerar el factor estratégico fundamental de una revolución: el factor moral e intelectual, la voluntad de lucha, la consistencia de los ideales, creencias, ideas y valores. Allí residen las razones sagradas, místicas y espirituales de la revolución bolivariana. De manera que, a una apreciación realista de las situaciones, le sigue una voluntad inquebrantable de lucha basada en una perspectiva revolucionaria. Terrible sería cometer dos errores en las actuales circunstancias:
a) Una apreciación incorrecta de la situación, dando paso a erráticas líneas de acción política;
b) Quebrar el factor moral de la revolución (El “legado revolucionario” de Chávez), la voluntad, pasión y conciencia en la lucha por la transformación socialista, por el cambio estructural de la sociedad capitalista, aún dominante en nuestra formación social.
El pueblo bolivariano debe demostrar, ahora sin la presencia física de Chávez, su capacidad de recuperación de las motivaciones existenciales de lucha que activaron el poder constituyente originario, la recuperación de la memoria de luchas de nuestros libertadores, así como el protagonismo del bloque social de los explotados y oprimidos, incluso ante situaciones adversas, ante errores, ante debilidades y amenazas.
Unidad, lucha, batalla y victoria, por una parte, planteó el mismo Chávez el 8 de diciembre de 2012. Por otra parte, la historia de las revoluciones ha planteado la necesidad de fortalecer laformación intelectual, moral y política, las estructuras organizativas, la disposición de lucha social y política, los dispositivos múltiples de comunicación popular y la movilización para conquistar objetivos inmediatos, intermedios y principales para el avance victorioso de la revolución.
De manera que no debe abrirse espacio alguno de posibilidad para el pesimismo de la voluntad, para pasiones tristes, para duelos paralizantes, actitudes o divisiones funcionales a los planes de acción de la derecha. De allí la importancia de la consigna: ¡Chávez vive, la lucha sigue!
2.- ante los errores: corregirLOS y superarlos.
Ciertamente hay errores estratégicos y tácticos en la conducción del proceso revolucionario, debilidades en la gestión de gobierno, desafíos, malos sabores, corruptelas que deben superarse; pero todo esto no puede ser pretexto para la inacción, para el fraccionalismo, para vacilaciones o para diseminar un espíritu de derrota, un espíritu de “hechos cumplidos”.
El asunto es muy sencillo: ¿Se está o no se está con la Revolución Bolivariana? ¿Se asume el carácter radical-democrático, nacional-popular, anti-imperialista y anticapitalista de la Revolución Bolivariana? ¿Se asume con criterio diferenciador cómo entienden los actores dirigentes y las fuerzas de apoyo por “revolución bolivariana”? ¿Se trataba acaso de una simple identificación emocional con la figura  histórica de Chávez? ¿Acaso hay motivaciones más profundas, de carácter simbólico e imaginario, con presencia de valores, ideas, creencias y sentimientos afines a la construcción de un proyecto socialista, de una política y una estrategia socialista?
Las respuestas abren un extraordinario campo de debates. En las actuales circunstancias luego del 14 de abril, se perciben dificultades en la conducción revolucionaria, ante circunstancias y condiciones de oportunidad para la acción ofensiva de la derecha. Pero la base social y política de apoyo a la revolución bolivariana no tiene razones para vacilar o dudar sobre su apoyo al Proyecto Nacional Simón Bolívar. No hay que marearse en matices secundarios o irse por las ramas. La inteligencia política nutrida por el legado del pensamiento crítico y revolucionario exige clarificar los campos de batalla, las fuerzas sociales y políticas implicadas, el complejo de contradicciones existentes, antagónicas y no antagónicas en el momento político. Es tiempo de saber diferenciar el campo del “Nosotros” y campo de “Ellos”, tanto actual como potencial:
¿Quiénes son los amigos y quiénes los adversarios, si lo que está en juego es una opción clara de poder?
Reducir a los factores sociales y políticos de la derecha a su menor espacio potencial de expansión hegemónica, es tarea permanente de la revolución bolivariana. Ciertamente, se han cometido errores, la derecha ha crecido electoralmente, hay indicadores objetivos que evidencian un cuadro económico negativo; pero lo más grave no es eso, sino que la derecha ha retomado la iniciativa política, su disposición ofensiva, pues la derecha viene cabalgando sobre un movimiento de reflujo en el apoyo popular a la revolución. Este proceso afecta la fortaleza de las fuerzas motrices de la revolución.
3.- PLANIFICAR Y EJECUTAR LA CONTRA-OFENSIVA:
Es preciso, entonces, planificar y ejecutar la contraofensiva a profundidad. Reconocer errores de conducción que han creado una brecha entre las fueras dirigentes y las fuerzas motrices en el proceso revolucionario, que han creado flancos débiles aprovechados por la estrategia de la derecha. Se requiere una poderosa campaña contra-ofensiva. }
Mientras ampliar el espacio potencial de expansión hegemónica de los factores sociales y políticos de la derecha, es tarea de los adversarios y enemigos de la revolución, los factores sociales y políticos de apoyo a la revolución bolivariana deben cuidar minuciosamente que sus actitudes y acciones no contribuyan objetiva o subjetivamente a otorgarle condiciones favorables al avance de la derecha. Repito, hay que ser muy cuidadosos en ofrecerle razones y oportunidades de avance al plan de acción de la derecha en las actuales circunstancias.
Hay que manejar con extrema habilidad el recurso a la crítica interna para la lucha revolucionaria contra los adversarios. La crítica interna de la revolución es cada vez más necesaria y urgente, el pensamiento insurgente es cada vez más importante, siempre con claridad de criterios de direccionalidad, contenidos, propuestas de solución y alcances de la misma. No se realiza la crítica para fortalecer o para brindarle oportunidad al adversario. Es para rectificar, corregir y reimpulsar, para visibilizar cursos de acción alternativos. Para avanzar en la revolución, no para retroceder o para estancarse. La crítica no es un juego de egos o narcisismos para posicionarse en una esfera pública controlada por los dispositivos mass-mediáticos de la derecha. La crítica es para transformar el cuadro de relaciones dominantes de coerción política, explotación económica, hegemonía ideológica, negación cultural o destructividad ambiental. Allí la crítica adquiere su densidad revolucionaria.
El manejo de contradicciones antagónicas y no antagónicas, es clave para definir el proceso de re-polarización, reunificación y repolitización mayoritario en un sentido favorable al re-impulso de la revolución bolivariana, a la recuperación y relanzamiento de su caudal electoral, a la conquista de su espacio de máximo potencial electoral, luego de comprender cuales fueron los factores desencadenantes del descenso electoral el 14 de abril de 2013.
Por tanto, hay que establecer un plan de recuperación del voto bolivariano en el seno del GPP, dedebilitamiento del voto blando opositor, de clarificación de la amenaza que representa el proyecto de la derecha para sectores populares y capas medias, que sin fuertes afiliaciones o identificaciones ideológicas, se han inclinado momentáneamente hacia la opción, el discurso y el proyecto de campaña de la candidatura de la derecha, desacoplándose del discurso de campaña, la gestión de gobierno y del proyecto de la revolución bolivariana. Y no se recupera este caudal perdido por la vía de su culpabilización, etiquetamiento o criminalización, por cierto, pero tampoco sin ofrecer vías de debilitamiento de las bases sociales de apoyo de la opción electoral de la derecha.  
Tampoco se trata de ser optimistas ingenuos o ciegos, pero menos de proyectar un derrotismo moral e intelectual que sólo contribuye al avance, a los movimientos moleculares y molares favorables a la derecha. Es posible recuperar la fuerza perdida y debilitar a la fuerza adversaria, siempre que se entienda que quien triunfó en la captura de un porcentaje del segmento de los moderados, descontentos y no alineados que votaban anteriormente por Chávez fue la oposición, y esto a partir (entre otras tácticas) de una exitosa campaña de ablandamiento de la “percepción de amenaza” que pudiera representar la candidatura de derecha para los sectores populares urbanos.
Mientras Chávez logró colgarle a la candidatura de la derecha el marco programático del “paquetazo neoliberal”, seis meses después fue la candidatura de derecha la que enmarcó a la candidatura bolivariana desde el concepto de “gobierno anti-popular” o de un “gobierno de los enchufados”. De allí la importancia de manejar adecuadamente los problemas internos en la revolución bolivariana. Pues ese enmarcamiento de campaña no podía romperse con una estrategia basada en el formato “Venevisión”, sino articulando el mensaje a una clara agenda de reivindicaciones, demandas y luchas de los sectores populares del país.
4.- NEUTRALIZAR A LA DERECHA ENDÓGENA-DEBILITAR A LA DERECHA OPOSITORA:
Para el manejo de los problemas internos, la dificultad de todo proceso revolucionario implica tratar de identificar con precisión y exactitud tanto los errores de “conducción de derecha”, como los errores propios de “concepción de derecha”, así como el “manejo interno de alianzas” con factores sociales y políticos que puedan llevar a un “crecimiento del poder de la derecha”. Insistimos en este punto, la revolución se mueve velozmente hacia la derrota en la medida en que se estanca y pretende “gobernar como la derecha”.
La derecha política opositora crece electoralmente como resultante de una combinación de errores de concepción, de conducción y de política de alianzas, cuya gravitación obedece a la intrusión de la derecha endógena en la conducción de la revolución bolivariana.
Alianzas que fortalecen al adversario no constituyen un camino correcto, así sean definidas como “alianzas tácticas”. Apoyos que debilitan internamente, tanto a las fuerzas motrices como a las fuerzas dirigentes, no son apoyos, sino operaciones de infiltración de baja intensidad contra la revolución por parte de la dirección enemiga. Seamos claros: la derecha endógena es sólo la fracción “bolivariana” del conjunto de los sectores dominantes del Capital en el país. Es una fracción capitalista y como tal se comporta en el plano económico, político e ideológico. Permea e induce políticas en el campo propio de la revolución bolivariana.
Si la derecha política ha crecido electoralmente ha sido los errores de conducción, concepción, manejo de la política de alianzas y definición del rumbo del gobierno. No han sido errores ultra-izquierdistas como el sectarismo doctrinario o un temerario voluntarismo, los que han llevado en mayor grado a un debilitamiento de la base social de apoyo de la revolución, sino que en gran medida son errores de derecha: el burocratismo, el oportunismo, la corrupción, clientelizar en vez de construir poder popular, afianzar alianzas con factores económicos de derecha, que finalmente definen aspectos medulares del curso de las políticas del gobierno bolivariano. Y el peor cadalso que prepara la derecha es quebrar la base ideológica de la unidad cívico-militar: la concepción bolivariana, zamorana y robinsoniana de una revolución para la justicia social, la inclusión y la democracia participativa y protagónica.
Un pragmatismo que vacía de debate sustantivo el terreno de la lucha contra el capitalismo, así sea en nombre de la real-politik es un grave error de derecha. Si sumar a un 2 % de capitalistas nos va a restar un 20 % de pueblo trabajador, entonces no hay ninguna real-politik. Eso es pragmatismo para negociar prebendas, contrataciones o privilegios de un nuevo grupo de poder, que conformara sin duda las bases objetivas y subjetivas de una nomenclatura, nuevo grupo que intenta cooptar a quienes puedan estructurar el control efectivo del mando civil y militar.
El asunto es que el carácter de clase de la revolución favorece aún a los sectores del Capital (aunque sea una fracción específica de los sectores dominantes del Capital) y no fundamentalmente alpueblo trabajador, tanto de la ciudad como del campo, además de reproducir lógicas político-culturales de discriminación-negación hacia las demandas de los pueblos originarios o hacia demandas de una revolución eco-socialista, para poner un sólo ejemplo directamente vinculado al Plan Independencia y Patria Socialista.
En el altar del desarrollismo se sacrifican las demandas revolucionarias de superación de la destructividad ambiental o el respeto-reconocimiento de otras opciones civilizatorias de buen vivir, término que ha desaparecido del léxico de fracciones del grupo político dirigente de la revolución. De manera que los términos, palabras claves y el régimen de signos que se hace patente en los discursos de miembros del gabinete, del partido o de voceros calificados es un sismógrafo que da cuenta de las dislocaciones ideológicas y discursivas en la revolución bolivariana, de su acercamiento a una versión desarrollista-redistributiva del capitalismo rentista, y no a la transición al socialismo bolivariano, democrático y revolucionario.
Por tanto, hay lucha ideológica, política y económica de clases en el seno de la dirección política del proceso, modificando el peso específico de la composición social e ideológica de las fuerzas motrices del proceso. El problema estriba entonces, en confundir permanentemente el carácter poli-clasista de las fuerzas de apoyo a la revolución con una “conducción revolucionaria” y con una “concepción del socialismo” funcional a los intereses del Capital.
Ese no es un pequeño problema. Chávez lo había advertido en numerosos discursos públicos y no tan públicos. Sabía que dormía con el enemigo. No hay que irse entonces por las ramas.
Primero, por las características históricas específicas y particulares de la revolución bolivariana, esta nace como una revolución democrático-nacional de carácter anti-neoliberal, pero no anti-capitalista.
Segundo, la máxima tensión interna estalló justamente en el transito interrumpido entre una revolución antiimperialista y una revolución socialista entre el año 2006-2010. Allí la derecha endógena lució descolocada inicialmente en términos de espacios de control de influencia y recursos estratégicos. Pero recuperó su ofensiva gradualmente.
Tercero,  Chávez supuso que podía generar una suerte de conversión ideológica de fuerzas internas cuyas prácticas, actitudes y lógicas son funcionales a una concepción y un mundo de vida propio de la estructura de mando del Capital. Allí se condensaron todas las contradicciones. De allí los desprendimientos voluntarios, los alejamientos casi invisibles y las rupturas públicas.
Que la revolución bolivariana haya devenido nominalmente en revolución anti-imperialista y socialista en el año 2006 se debe a una recomposición del cuadro de mando de fuerzas dirigentes tanto ideológicas como políticas del proceso revolucionario. De allí que la derrota del año 2007 haya sido en cierta medida inducida desde dentro, matando el proyecto de los motores constituyentes con cuchillo prestado: los errores del ultra-izquierdismo, entre ellos: la tan mentada “explosión del poder popular”.
Es posible reconstruir la trama de como la derecha endógena contribuyó decisivamente a la derrota del año 2007, e intentó montar un proyecto de “Chavismo sin Chávez”, que en las actuales circunstancias significa un chavismo sin legado revolucionario de Chávez.
La izquierda bolivariana se enfrenta a una verdadera tenaza, a una estrategia de yunque y martillo, tanto por la derecha política, económica y mediática opositora, como por la gravitación de la derecha endógena en la propia revolución bolivariana.
Lo que bloqueó transitoriamente esta tenaza hasta el año 2012, fue la fuerza dirigente principal de la conducción de Chávez, quien logro sobreponer su liderazgo al equilibrio de fuerzas, inclinando la balanza hacia la izquierda. Su conducción selló en vida su legado sin ambigüedades ni ambivalencias, definió el rumbo ideológico y político para el período 2013-2019. Ahora, es el pueblo bolivariano el que debe ser garante de este espíritu revolucionario si no quiere ser cercado y aniquilado por la estrategia de las fracciones del Capital. ¿Qué ocurrirá con el legado revolucionario de Chávez? A ciencia cierta, no lo sabemos.
Su ausencia plantea de nuevo, excavar a fondo sobre el cuadro ideológico y político de la conducción de la revolución, pues el avance en el terreno económico no pasó más allá de la recuperación delCapitalismo Rentístico de Estado (CRE), de su espacio de poder frente a las fuerzas sociales y políticas que desde la derecha opositora siguen siendo favorables a la “Agenda Neoliberal”.
La campaña presidencial del año 2012 reconoció esta contradicción antagónica entre dos Proyectos Históricos. La campaña presidencial del 2013 desdibujó este antagonismo entre proyectos, y se articuló a una personalización de la preferencia del voto entre dos candidaturas, incluso haciéndose patente una lucha en un terreno poco favorable para la revolución. Incluso “Chávez” paso a ser un comodín de cualquier discurso de campaña, de cualquier oferta electoral y para uso de ambas candidaturas.
La campaña se volvió “chavista”, y cada quien utilizaba a Chávez para descalificar al otro. Es importante retener este hecho, pues al convertirse en comodín, Chávez fue vaciado de sustancia ideológica.
De manera que, en un hipotético gobierno opositor, Chávez será reivindicado aunque vaciado de sustancia ideológica, la “culpa de todos los males” será atribuida y proyectada sobre sus irresponsables sucesores, que lo olvidaron, degradaron y traicionaron, que fueron completamente “incompetentes” y nunca fueron “líderes” como Chávez. (Anótenlo porque ya se articulan estas frases en el campo opositor).
De manera que el llamado “no retorno” planteado por Chávez, significa aún superar claramente el Capitalismo, pero ahora interpretado de manera disímil por diversas fuerzas de apoyo a la revolución.
Allí se abre el espacio para voces ancladas en el más puro sectarismo doctrinario hasta las más ramplonas voces de oportunismo, pragmatismo y acumulación delictiva de capital. Ese es el verdadero drama de la situación post-Chávez.
5.- LAS OPCIONES QUE SE ABREN:
Finalmente, dadas las tendencias histórico-electorales, por la vía pacífica, democrático-burguesa y constitucional no hay posibilidad alguna, de manera inmediata, de avanzar en la construcción del socialismo revolucionario de corte clásico. La revolución en su sentido clásico ha sido bloqueada e interrumpida.
Podemos especular si sería posible transitar hacia esos modos históricos de socialismo, si se abordase sin tapujos ni complejos el uso combinado de todas las formas de lucha. Pero sería un suicidio político acometer esta vía en el contexto de un momento de reflujo electoral de masas. Una radicalización revolucionaria de corte clásico carece, en las actuales circunstancias, de viabilidad política, a menos que se active esta posibilidad ante un hecho sobrevenido: que la derecha suponga que es posible una estrategia de “asalto al poder” e intente hacerlo quebrando el hilo constitucional.
Sin embargo, hay estrategias mixtas de alteración del hilo constitucional para la derecha con apariencia legal y reconocimiento internacional. Así ocurrió en Honduras y Paraguay. ¿Por qué no Venezuela? Sólo se requiere conquistar la mayoría parlamentaria (2015), realizar un ensayo de ampliación del espacio hegemónico en las elecciones locales previas (2013-2014), sacudir el tablero de las correlaciones de fuerzas en los poderes constituidos, y quizás completar la tarea con la convocatoria a un referendo revocatorio (2016). Pero eso está por verse.
La vía opositora más larga es dejar que el desgaste, los errores de conducción y las divisiones internas desplomen al gobierno bolivariano antes del 2019, presionando quizás para unas elecciones anticipadas. Pero, como dijera Garrincha: “los rusos también juegan”. Todo depende de un juego de interacciones entre revolución bolivariana y factores de oposición con final abierto.
De manera que hay, además de las anteriores posibilidades (radicalización socialista de la revolución vs asalto al poder por parte de la derecha), tres escenarios para diferentes actores en el seno de la conducción de la revolución bolivariana:
a) acometer un proceso de recuperación del proceso revolucionario, sin aventuras ultraizquierdistas, pero lo fundamental: sin recaídas en el “pragmatismo de derecha”,
b) lograr un pacto o entente con factores de la derecha para asentar una vía reformista-desarrollista,bajo negociación y derrota velada del legado revolucionario de Chávez,
c) entregar el poder a la derecha a corto plazo, intentando hacerlo en las mejores condiciones de “conservación de las fuerzas propias”, dejándose arrastrar por el reflujo del apoyo popular a la revolución; en fin, buscar legitimidad como “opción de oposición” futura bajo cooptación, negociación de espacios de impunidad y derrota abierta, siendo posibles cómplices de la “represión hacia los factores populares revolucionarios” que se opondrán a esta vía de capitulación.
Las opciones b y c, conducen a una clara capitulación del alcance socialista de la revolución democrática, bolivariana y socialista.
Por tanto, hay que estar atentos y  evaluar el nuevo curso de la revolución bolivariana. Ciertamente, luego de la partida física de Chávez, se ha abierto un nuevo ciclo histórico-político ya sin su centralidad como decisor de la arena política.
Si la lucha en el campo bolivariano fuese orientada por el Proyecto Nacional Simón Bolívar, por el Golpe de Timón y por el legado revolucionario de Chávez, nos acercaríamos a la opción a larecuperación del proceso bolivariano en su vertiente democrática y revolucionaria. Eso ya dependería de actores, movimientos y fuerzas bolivarianas de izquierda; es decir, fuerzas que no confundan el socialismo bolivariano para el siglo XXI con la conquistas de las siguientes trincheras o casamatas: vallas publicitarias,  bonos de la deuda, cupos de importaciones, contratos de obras, especulaciones con fondos públicos o divisas convertibles.
En fin, si la izquierda elude con éxito el camino de su degeneración en una fracción corrupta de acumulación del capital, puede acometer los desafíos pendientes que Chávez no logró realizar. Para esa tarea, requiere recomponer el proceso de acumulación de fuerzas.
De manera que la izquierda bolivariana requiere lograr repotenciar el GPP y reconducir democráticamente el partido-maquinaria del PSUV, para tener chance de sobreponerse al reflujo de masas. Sin estructuras organizativas, la izquierda bolivariana tiene todo que perder.
Por otra parte, la izquierda bolivariana debe superar todos los errores internos de derecha (de concepción, conducción, política de alianzas y gestión de gobierno). El asunto de manera sintética es que el Socialismo para el siglo XXI no sólo no cae del cielo ni se decreta, es que no tiene nada que ver con reproducir la estructura de mando y el metabolismo social del Capital. - Pequeño detalle Mr. Watson -.
No es incorrecto, entonces, plantear que “se ha llegado al llegadero”, o lo que es lo mismo, que no hay que echar para atrás: ir a la restauración de la influencia de los sectores económicos dominantes en el Poder del Estado:
(…) caminante no hay camino, camino de hace al andar.
Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar (…)

miércoles, 22 de mayo de 2013

ÉTICA SOCIALISTA Y OFENSIVAS DE LAS BASES SOCIALISTAS YA.


¡Ética política y ofensiva de las bases socialistas ya!

Ante los inclementes ataques del imperialismo, del capitalismo y la oligarquía, y en el marco de la necesidad de rectificar a partir de los evidentes errores extensamente diagnosticados, definitivamente la única salida es avanzar sin detenernos, sin amilanarnos en la construcción: 1. Del Poder Popular autónomo, 2. Del nacimiento del Estado Comunal, 3. Del desarrollo del Socialismo Bolivariano, 4. Del Chavismo como Legado histórico, político, ideológico y social, 5. De la defensa de la Ética política, la eficiencia y la eficacia revolucionaria. 6. De los espacios críticos y autocríticos para seguir avanzando. Paso a detallar:
1. El Poder Popular debe empezar a cumplir un rol aún más protagónico, ya no subsidiario o dependientes de las instituciones del Estado, ni de los gobiernos regionales o locales, sino, vinculas con estas instancias, esto implica plantearse verdaderos proyectos socioproductivos autogestionarios, acompañados de una mayor formación política y técnica. El problema ya no puede ser si el Ministerio correspondiente es o no eficiente, Chávez claramente lo dijo en El Golpe de Timón:
"Ahora, la autocrítica; en varias ocasiones he insistido en esto, yo leo y leo, y esto está bien bonito y bien hecho, no tengo duda, pero dónde está la comuna. ¿Acaso la comuna es sólo para el Ministerio de las Comunas? Yo voy a tener que eliminar el Ministerio de las Comunas, lo he pensado varias veces, ¿por qué? Porque mucha gente cree que a ese Ministerio es al que le toca las comunas."
2. El Estado Comunal debe ser el objetivo del Poder Popular, no el poder desde el Estado Liberal Burgués, éste es el que se debe transformar. Los cargos electivos deben ser destinados para la transformación pacífica, y quienes sean electos, o asumen la transformación o deben ser sustituidos por el pueblo. Es por ello que las tareas urgentes para la construcción del Estado Comunal están claramente fijadas en el Proyecto Patria y en el "Golpe de Timón", por lo que es urgente su difusión, debate y puesta en práctica desde las asambleas populares, esto no puede ni debe parar.
3. El Socialismo Bolivariano no se decreta, pero tampoco cae del cielo. El Poder Popular no puede esperar que el gobierno o el Estado decrete el socialismo. La socialización de los medios de producción, a diferencia de otros países no rentistas, debe hacerse a partir de la colocación de dichos medios como consecuencia de la siembra del petróleo, y la organización de los trabajadores debe ser labor de los partidos aliados y las organizaciones populares, superando la visión sindicalista parasitaria, para avanzar hacia los verdaderos Consejos de Trabajadores.
4. Del Chavismo como Legado histórico, político, ideológico y social, debe ser la bandera y la herramienta pemanente de debate y lucha. Sus discursos, sus escritos, sus videos, sus decretos, instrucciones, sus leyes deben ser de uso permanente para argumentar y comprender todo el proceso revolucionario, por ello las Cátedras Libres Comunales Hugo Chávez, deben ser espacios, sin injerencia partidista, estratégicos del Poder Popular para la construcción del Estado Comunal.
5. La defensa de la Ética política, la eficiencia y la eficacia revolucionaria parte de reconocer un problema estructural, lamentablemente la práctica política tanto de izquierda como de derecha tiene como criterio generalizado separar la ética de la política, asumiendo estúpidamente que "el fin justifica los medios", como si esto fuese un principio correcto de la política, produciendo monstruos incontrolables. Esto no sólo justifica, sino que estimula la corrupción, la ineficiencia y la ineficacia, y en el caso del chavismo, desvirtúa su esencia y el ejemplo que Chávez nos dió. Por ello, convertir este tema en el centro discursivo y de acción de nuestros actuales dirigentes, y el parámetro de evaluadión de las bases a sus líderes permitirá forzar un cambio real.
6. Los espacios críticos y la autocrítica para seguir avanzando son fundamentales e impostergables y no podemos esperar a que alguien los decrete, comformemos nosotros mismos Espacios Críticos para la Construcción Socialista. Quien le rehuye a la crítica o la condiciona, pervierte la esencia del socialismo bolivariano y del chavismo. Quintas columnas son aquellos que guardan silencio, encubren o nunca opinan públicamente sobre lo que se está haciendo mal, ya que no sólo es un cómplice, sino que conserva un interés personal oculto en el silencio, no caigamos en esa extorsión. La irreverencia en la discusión, para poder generar posturas colectivas debe ser el objetivo, pero no podrá haber posturas de este tipo si no se permite el debate crítico real.
Es hora de actuar, no esperemos que nos digan que hacer, el duelo debe pasar hacer fuerza, los ataques deben pasar a ser acciones, es el momento de la revolución de las bases revolucionarias.
¡Poder Popular, Edo Comunal, Socialismo Bolivariano, Chavismo, Ética revolucionaria, eficiencia y autocrítica deben ser nuestras consignas!